Hay por lo menos dos formas de aproximarnos al concepto de experiencia que tenían los pueblos originarios mexicanos, los antiguos mexicanos. La primera: a través del estudio del legado material que nos dejaron; a saber, los vestigios de ciudades, monumentos, cerámicas, utensilios, etc. y los códices, que, como la producción de objetos de uso diario o medios de subsistencia, no cuentan con el respaldo de un discurso explicativo o expositivo. Hay que crearlo con base a suposiciones razonables. La segunda: a través de la recopilación de datos que algunos frailes hicieron entrevistando directamente en su idioma a los personajes que tenían mayor ascendencia entre los pueblos del centro de México. El estudio empírico del legado material nos permite establecer el tipo de actividades que se desarrollaban en el Antiguo México, todas relacionados con el esfuerzo físico e intelectual y la edad cronológica de los individuos, así como con el estatus social que detentaban. Por otro lado, las narraciones de los representantes mexicanos y los comentarios de los frailes nos permiten ver que en el nahua del centro del país había por lo menos un concepto equivalente al de experiencia en castellano, empleado constantemente por los frailes y, en general, por todos los españoles que habían llegado para consolidar el dominio de la Corona española sobre las tierras y los habitantes de México. Frente a los vestigios urbanos, que incluyen construcciones con usos diversos, algunos de los cuales sólo deducimos, podemos pensar en la experiencia técnico-constructiva que lograron desarrollar a lo largo de los siglos, ya de manera directa, ya indirecta a través del estudio de las edificaciones de quienes les habían precedido. Dado que estas construcciones se recubren con relieves o esculturas, es decir, con símbolos religiosos, también debemos hablar de una experiencia artístico-cultural. Y, sabiendo que ciudades y edificios se alineaban de acuerdo al sol o a las estrellas en general, igualmente hay que considerar la participación de una experiencia matemática o astronómica. De otra manera, habría que creer que los antiguos mexicanos no eran capaces de conservar y transmitir su experiencia constructiva, artística, religiosa ni intelectual; se caería así en la suposición absurda de que cada vez que emprendían una obra comenzaban desde cero. Los hechos documentados por la arqueología contemporánea demuestran lo contrario. Por su parte, Fray Bernardino de Sahagún, Fray Toribio de Benavente (Motolinía) y Fray Juan de Torquemada hacían uso del concepto experiencia para indicar en esencia dos cosas. Una: que si algo se afirmaba sobre un lugar o un suceso era porque se lo había podido comprobar en persona o porque era algo que había sido presenciado por un gran número de testigos, esto es, ese algo se decía por experiencia. Y la otra: que se sabía hacer algo por razón de haberse aprendido con base a esfuerzos físicos e intelectuales, ya por cuenta propia mediante experimentos y modelos, ya siguiendo el ejemplo de los más viejos y más avezados, o también a través de la observación directa de un acontecimiento histórico o de un fenómeno astronómico.
de la Generación 1973-1977 egresada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana (FAUV) ubicada en Xalapa, Ver., México
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lunes, 29 de julio de 2024
La experiencia clásica y la experiencia científica en la arquitectura I/II
POR MARIO ROSALDO
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miércoles, 19 de abril de 2023
Rescate de un Edificio Histórico: LA FORTALEZA DE SAN CARLOS
POR JORGE PÉREZ QUINTOS
Ubicada a la mitad del camino real entre el puerto de Veracruz y la ciudad de México, resguarda la entrada al estado de Veracruz y es la retaguardia del castillo de San Juan de Ulúa en el mencionado puerto.
De planta cuadrada y orientada a los cuatro puntos cardinales, hacia donde apunta cada uno de sus cuatro baluartes, se edifica para evitar alguna intervención extranjera contra la Nueva España. La fortaleza de San Carlos fue diseñada por el ingeniero Manuel de Santiesteban y construida de 1770 a 1775 por Santiesteban y Miguel del Corral. Existe confusión respecto a la época de su construcción porque si bien la obra civil de la Fortaleza se completó en menos de cinco años, su equipamiento tardo de 1775 a 1776: el primer plano de entrega se firma con fecha diciembre de 1776 y el plano de la entrega final en febrero de 1777, para ya entrar en funciones. Es posible que el retraso de la entrega se haya debido a los trabajos de carpintería, pues se tiene razón de que el puente levadizo que llevaría la entrada jamás se terminó, así como nunca llegó la chapa para la puerta principal.
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domingo, 4 de julio de 2021
Dos paisajes en acuarela
POR ROBERTO ORTÍZ CEDANO
Roberto admite que no pinta acuarelas con otra intención que escapar del estrés, que no es un acuarelista ni nada parecido. Pero comparte gustoso estos dos trabajos suyos con tal de animar a los compañeros generacionales a participar en la publicación de este nuestro blog colectivo.
lunes, 19 de abril de 2021
Lecturas a contravuelo
POR MARIO ROSALDO
Entre los libros que nos llevaron a la arquitectura moderna o que diferenciaban en diversos grados el funcionalismo del organicismo y, en algunos casos, la arquitectura historicista de la concebida como adecuada respuesta técnica a su propia época, están sobre todo: Pioneros del diseño moderno de Nikolaus Pevsner, Autobiografía de una idea de Louis H. Sullivan, Espacio, tiempo y arquitectura de Sigfried Giedion, Hacia una arquitectura orgánica y Saber ver la arquitectura de Bruno Zevi, La arquitectura moderna de Gillo Dorfles, Teoría y diseño arquitectónico en la primera era de la máquina de Reyner Banham. En algún momento también consultamos libros, o por lo menos los hojeábamos, como Las siete lámparas de la arquitectura de John Ruskin, La cultura de las ciudades y La ciudad en la historia de Lewis Mumford o La revolución urbana y De lo rural a lo urbano de Henri Lefebvre, Los hijos de Sánchez y Antología de la pobreza de Oscar Lewis, El mundo primitivo y sus transformaciones de Robert Redfield o Idea de la historia de R. G. Collingwood. Algunos de estos libros estaban, o bien en la biblioteca de la escuela, o bien en la Biblioteca Central de la Universidad; o, en última instancia, los comprábamos en las librerías de Xalapa o Ciudad de México. Y entre las revistas que leíamos muy esporádicamente estaban: Calli, Domus, Architectural Record, L'Architecture d'aujourd'hui y otras semejantes. Desde luego que las ideas no quedaron claras desde un principio, tuvo que pasar bastante tiempo para que encontráramos un sentido lógico a esta información a veces tan contradictoria. Algunos libros los leímos superficialmente y no volvimos a ellos, sino hasta más tarde. En cambio, hubo otros que desde entonces leímos con regular frecuencia. Ahora, aquí cabe aclarar a los lectores en general, algo que todo estudiante de arquitectura sabe: la información no nos llegaba únicamente a través de las lecturas, sino también a través de los rápidos y sucintos comentarios de los profesores, dichos durante la presentación del proyecto arquitectónico, que el estudiante debía resolver para ser evaluado, o durante la exposición grupal del resultado parcial o final de lo programado, o, con menos frecuencia, en alguna conferencia ofrecida para reforzar un poco los conocimientos teóricos o prácticos, o hasta en una reunión informal fuera del aula y del taller, y ciertamente a través de las conversaciones con los compañeros acerca de lo que sabían de tal o cual tema porque lo habían leído o porque alguien les había compartido el dato; así nos enterábamos de las publicaciones o de las obras de Christopher Alexander, de Paolo Soleri, de Yona Friedman, de Kenzo Tange, de los metabolistas o de Hassan Fathy.
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viernes, 6 de diciembre de 2019
Aproximaciones a la enseñanza/aprendizaje en la formación de arquitectos
POR ALFONSO RODRÍGUEZ PULIDO
El proyecto de arquitectura constituye, ha constituido, la línea conductora de procesos que determinan su propia formulación, su propia con-figuración (si cambian estos procesos el resultado proyectivo de la arquitectura cambia). No es posible determinar con precisión cuáles o cómo se procesaron los proyectos de arquitecturas construidas en distintos momentos históricos (no sólo referimos aquí los ejemplos paradigmáticos recurrentes en las escuelas de formación profesional), pudiéramos considerar que estos procesos no son similares a los que hoy se ejecutan y “enseñan” a los aprendices de arquitectos, pero, a la vez, que hay aspectos de estos procesos que resultan a-históricos.
J. B. Alberti ya adelantaba en sus escritos (producto de recopilaciones y consensos de su época) un sentido intelectual al proceso de disegno (dibujo), para determinar la edificatoria arquitectónica. Guillermo de Ockham, siglos antes, refiere la noción de gnoseológica al referir el efecto evocador de la palabra y “ver en el pensamiento” el objeto nombrado (nominalismo). Quizá se pudieran considerar éstas las primeras referencias escritas acerca de lo que hoy varias áreas de la ciencia contemporánea explican.
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jueves, 18 de julio de 2019
Rescate del Patrimonio Cultural del Estado de Veracruz
POR JORGE PÉREZ QUINTOS
Estamos hablando de un edificio religioso de planta de “cruz latina”, el cual se encuentra orientado (oriente-poniente), el ábside hacia el oriente y la portada hacia el poniente, tema significativo pues alude a una iconografía franciscana en presentar la cruz latina como el símbolo de su fe, en donde el sol nace sobre la cabeza (el testero) y muere a los pies (la portada), los transeptos representan los brazos y la cúpula el corazón, de acuerdo a sus características formales podemos estar hablando de una edificación de finales del s. XVIII o principios del s. XIX, aunque aún no tenemos completa la investigación histórica al respecto; La portada es de estilo neoclásico con tres entrecalles delimitadas por pilastras y dos cuerpos, rematados por un frontón de forma triangular, puerta con arco de medio punto con jambas y dovelas de cantería labrada, resaltando una ventana coral, torre campanario de tres cuerpos y cupulín. También existe en el costado sur un monumento funerario de diseño muy interesante en el cual solo se encuentra una placa de mármol en la que dice: Antonio García Murrieta, octubre 21 de 1889.
En una congregación denominada “Orilla del Monte”, perteneciente al municipio de Jalacingo, pero muy cercana al municipio de Perote se encuentra un monumento histórico conocido como Iglesia de San José, templo religioso en funciones. Actualmente la comuna municipal encabezada por su presidente constitucional, interesados en el rescate de su patrimonio cultural me solicitaron la elaboración de un proyecto para la restauración del mismo y que consistió en lo siguiente.
- Antecedentes
- El proyecto
- Los trámites
- La ejecución o intervención
Antecedentes
miércoles, 23 de enero de 2019
Lecturas en escorzo
POR MARIO ROSALDO
Hablábamos de cuando comenzamos a leer literatura y al mismo tiempo filosofía en la escuela de bachilleres y de cómo, mucho antes de ingresar a la universidad, el concepto de la arquitectura ya había cambiado de una actividad artística a otra técnica. Habría que aclarar que antes del bachillerato ya leíamos literatura infantil y era por el mero gusto, sin la obligación y sin la supervisión de las profesoras, sin tener que contar sílabas ni reconocer tropos o figuras literarias; sin tener que aprender los nombres en sánscrito romanizado de la literatura hindú. Filosofía no leíamos antes de la adolescencia, pero sabíamos de ella por los dichos populares o por los medios gráficos de diversión e información general. Nuestro interés por la literatura universal comenzó al final de la infancia, pero en el bachillerato se nos encausó a la literatura nacional, en especial a la de la revolución mexicana. Leímos autores como Mariano Azuela, Agustín Yañez y Juan Rulfo. Sin embargo, a la par de la materia de filosofía, la de literatura también nos acercó al existencialismo. En la escuela era común ver a los jóvenes bachilleres leyendo, entre otros libros, los de Camus y Sartre, o incluso de Hesse, a quien la crítica literaria no consideraba existencialista, sino romántico. El nombre y algunos libros de Nietzsche eran muy conocidos y hasta reverenciados, y todos parecían entender sus agudos aforismos. No hemos mencionado la materia de lógica porque fue poco lo que en esos años influyó en nosotros en particular. Eso ocurrió después, estando ya en la universidad, cuando, estimulados por una investigación personal, tratamos de entender cuál era la diferencia entre el método de la ciencia y el de la filosofía. Por el enfoque empírico-racionalista predominante en nuestra educación generacional suponíamos, y desde luego no sólo nosotros, que la lógica de los silogismos era el método de la ciencia. En la materia de lógica nunca se nos dijo esto, lo dedujimos por creer que la ciencia era a la vez empírica y racional, pero en el sentido más abstracto de los términos. Las materias de física y de química, con sus respectivos laboratorios, nos habían explicado que el método de la ciencia era la experimentación. Pero en ese momento no les prestamos la debida atención. Aturdidos como estábamos con la vida y el mundo, y las novedades —las modas—, que descubríamos todos los días. Muchos seguimos creyendo hasta la universidad que la ciencia se regía por la lógica silogística. Algo semejante sucedió con la idea que nos formamos de Freud y el psicoanálisis, creíamos que él pregonaba que la sociedad era represora. Nunca fue así. La idea de la represión social no vino de Austria, sino del Reino Unido y de los estudios antropológicos funcionalistas. Para Freud la represión surge del individuo, de una moral interna, que de manera natural le autorregula o que, más freudianamente, le hace oscilar entre lo normal y lo perverso. La tendencia a malinterpretar la información, pues, estaba generalizada, no era exclusiva ni de nosotros ni de nuestra generación.
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sábado, 18 de noviembre de 2017
Lecturas sin pretextos
POR MARIO ROSALDO
Cuando estudiábamos en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana sentíamos poco interés por los libros de Historia del Arte, entonces lo más importante para todos era, o bien encontrar información sobre los procesos, materiales, equipos y las técnicas de construcción, o bien hallar inspiración en las fotografías y perspectivas, hechas a mano suelta, de las obras de arquitectos famosos y de firmas consagradas. No había tiempo para admirar las ruinas, las esculturas o las pinturas contenidas en los libros sobre Arte. Entre las materias no había una Historia del Arte, ni de la Arquitectura, entendida como tal, sino como Análisis Histórico, así en abstracto. Aunque había una materia llamada Teoría de la Arquitectura, esta no era una crítica ni de la Historia ni de la Teoría de la Arquitectura Moderna. Esa crítica apenas se estaba difundiendo a través de las editoriales extranjeras y sus filiales nacionales; en los setenta todavía no entraba a nuestro ámbito universitario estatal. Si hubo un momento en que los teóricos de la Arquitectura, quienes solían ser filósofos o estetas, confundieron la Crítica de Arquitectura con la Historia, porque eran principalmente historiadores quienes la realizaban, a partir de la participación cada vez más frecuente de los arquitectos, la diferencia se fue acentuando. Los arquitectos volvieron a escribir sus propias teorías y sus propias historias de la arquitectura, criticando de paso la arquitectura internacional que se había impuesto, primero como una respuesta adecuada a la era industrial y, luego, como una moda que simplemente se debía seguir. Hoy día los arquitectos también escriben sus propias filosofías, o por lo menos las interpretaciones pragmáticas que hacen de ellas. Entre tantas tendencias de Críticas Arquitectónicas surgidas hasta la fecha, escritas o no por arquitectos, encontramos el Esteticismo, que tiene un pie en la Filosofía y otro en el Arte. En algunos casos concibe la Arquitectura como una pura forma sin utilidad alguna, otras como un medio cuyo fin es transformar el mundo. Con este nuevo Esteticismo, la Historia Académica del Arte se ha recuperado casi completamente, después de haber sido cuestionada por el Movimiento Moderno, y hasta eliminada por el llamado Funcionalismo, de la formación profesional del arquitecto. Para que su recuperación fuera total tendría que aparecer otra vez como materia en el Plan de Estudios de las Escuelas de Arquitectura más influyentes del mundo. ¿Está sucediendo eso?
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